Dirección de Patrimonio Cultural

Las ciudades y los tejidos urbanos son resultantes del orden económico y social que entiende el desarrollo en términos de producción y beneficio. Esta lógica se ha impuesto históricamente a los intereses y deseos de los ciudadanos y ciudadanas y ha condicionado directamente la composición urbana, convirtiendo a la ciudad en un tejido fragmentado e insocial.

Como consecuencia, las ciudades, en nuestra región, muestran importantes contradicciones. Fragmentadas, con sectores con alto nivel de infraestructura y equipamiento, planteados por el mercado como lugares seguros, preferentemente aislados, contrastan con el crecimiento de periferias privadas de toda planificación y, hasta, de los componentes indispensables para la construcción de la vida urbana. Los sectores más vulnerables son condenados, aun desde las políticas del Estado, a vivir sin servicios, sin transportes, sin calles asfaltadas; carecen de los mínimos espacios públicos donde transcurre y se constituye la vida social y pública, territorios en los que nos encontramos y nos reconocemos como comunidad.

La Plata: no sólo no ha permanecido ajena a este proceso, sino que lo padece con todo dramatismo. Ejemplo del urbanismo del siglo XIX que permitió un audaz modelo de ciudad diseñada desde una  concepción totalizadora y estratégica, cedió, muy pronto, al oportunismo, las improvisaciones y las respuestas coyunturales. La ciudad se plasma así como la resultante de  conflictos y de tensiones que lejos de encontrar puntos de acuerdo y resolución se profundizan, sencillamente porque responden a intereses distintos y, generalmente, contrapuestos. El casco céntrico, es abandonado y desplazado por nuevas centralidades que reconstruyen pactos de convivencia en suburbios diseñados para una clase social que puede costearse en forma privada la educación, salud y seguridad.

En este contexto, el espacio público, síntesis para denominar los ámbitos de carácter colectivo, de sociabilización, de encuentro y movilidad, se ha trasformado en un ámbito  hostil y carente de solidaridad, donde la ausencia de normas (reales o percibidas) y controles alientan la infracción y la trasgresión al no tener las misma un costo en el sistema social.

Las distintas normativas que promulgó, en estos años, el Concejo Deliberante de La Plata en relación con el ordenamiento territorial se han ido solapando y acumulando con una feroz consecuencia: profundizar las desigualdades. De igual manera, los planes estratégicos diseñados desde la Municipalidad no sólo no  alcanzan, sino que ni siquiera definen una política pública del gobierno local en relación con la ciudad y su desarrollo, ni le otorgan, a la gestión, la  dinámica necesaria para resolver la coyuntura.

dehleye.pedro@ciencia-democracia.org

Las ciudades y los tejidos urbanos son resultantes del orden económico y social que entiende el desarrollo en términos de producción y beneficio. Esta lógica se ha impuesto históricamente a los intereses y deseos de los ciudadanos y ciudadanas y ha condicionado directamente la composición urbana, convirtiendo a la ciudad en un tejido fragmentado e insocial.

Como consecuencia, las ciudades, en nuestra región, muestran importantes contradicciones. Fragmentadas, con sectores con alto nivel de infraestructura y equipamiento, planteados por el mercado como lugares seguros, preferentemente aislados, contrastan con el crecimiento de periferias privadas de toda planificación y, hasta, de los componentes indispensables para la construcción de la vida urbana. Los sectores más vulnerables son condenados, aun desde las políticas del Estado, a vivir sin servicios, sin transportes, sin calles asfaltadas; carecen de los mínimos espacios públicos donde transcurre y se constituye la vida social y pública, territorios en los que nos encontramos y nos reconocemos como comunidad.

La Plata: no sólo no ha permanecido ajena a este proceso, sino que lo padece con todo dramatismo. Ejemplo del urbanismo del siglo XIX que permitió un audaz modelo de ciudad diseñada desde una  concepción totalizadora y estratégica, cedió, muy pronto, al oportunismo, las improvisaciones y las respuestas coyunturales. La ciudad se plasma así como la resultante de  conflictos y de tensiones que lejos de encontrar puntos de acuerdo y resolución se profundizan, sencillamente porque responden a intereses distintos y, generalmente, contrapuestos. El casco céntrico, es abandonado y desplazado por nuevas centralidades que reconstruyen pactos de convivencia en suburbios diseñados para una clase social que puede costearse en forma privada la educación, salud y seguridad.

En este contexto, el espacio público, síntesis para denominar los ámbitos de carácter colectivo, de sociabilización, de encuentro y movilidad, se ha trasformado en un ámbito  hostil y carente de solidaridad, donde la ausencia de normas (reales o percibidas) y controles alientan la infracción y la trasgresión al no tener las misma un costo en el sistema social.

Las distintas normativas que promulgó, en estos años, el Concejo Deliberante de La Plata en relación con el ordenamiento territorial se han ido solapando y acumulando con una feroz consecuencia: profundizar las desigualdades. De igual manera, los planes estratégicos diseñados desde la Municipalidad no sólo no  alcanzan, sino que ni siquiera definen una política pública del gobierno local en relación con la ciudad y su desarrollo, ni le otorgan, a la gestión, la  dinámica necesaria para resolver la coyuntura.

dehleye.pedro@ciencia-democracia.org